Somos una panda de machistas por mucho que nos esforcemos

Vale, tampoco seamos tan cínicos como el título que le he puesto. Pero es que he llegado a esa reflexión y no veo otra forma de decirlo.

La cuestión es la siguiente: el machismo es un problema. Pero es un problema de los hombres. Sin duda alguna existen las mujeres machistas. Pero si el género femenino es la víctima del machismo, somos los integrantes del género masculino los que tenemos un problema entre nuestras filas y debemos ponernos las pilas para solucionarlo.

Hasta ahí, creo que estamos todos más o menos de acuerdo. También estaremos de acuerdo en que las futuras generaciones deben ser mejores que nosotros en todos los aspectos, en este también. Si bien eso es un pensamiento teóricamente simple y sin duda generalizado, aunque sea un tópico, se ve con otro prisma cuando eres padre. Ya no es hablar por hablar, ya es que miras con lupa con quién se relaciona tu progenie desde la guardería.

Yo, que soy así de simpático, ya tengo fichado a los dos o tres elementos que no me gusta que interaccionen con mi retoño. Y al final, cuando ocurre lo inevitable, porque son niños, siempre acabo diciendo lo mismo, “si es que la culpa la tienen sus padres”.

¿Es eso cierto? Casi sin lugar a dudas. ¿Qué hay más influyente que unos padres para un niño de corta edad? Así que, volviendo al tema original, ¿cómo puedo hacer que mi hijo y su generación sean mejores que la nuestra?

Os lo voy a decir porque me he dado cuenta esta mañana: asistiendo a clase de Zumba.

Venga, os dejo un segundo para la risita fácil.

¿Qué no? ¿Me lleváis la contraria? Ok. Os cuento: esta mañana estaba en el gimnasio haciendo como que estoy fuerte, al lado de mi mujer. Ella machacando su culo y yo mis pectorales, nada tópico ¿verdad?. Cuando de buenas a primeras ella me dice:

– Me voy para la sala a hacer abdominales que ya es la hora de la testosterona.

Sonreí e intenté que se quedara. Pero en un par de segundo entendí su razonamiento. Era cierto que la afluencia de hombres se había incrementado en ese momento donde estábamos. Pero la presencia masculina a ella siempre le ha dado igual. La cuestión es que era la única mujer en una zona llena de tíos. Y no lo entendí hasta que me imaginé a mí mismo en una clase de zumba.

Se me encendió la bombilla. Así de fácil. Las clases de zumba están mayoritariamente, si no en su totalidad, habitadas por mujeres. ¿Tendría yo las pelotas de hacer zumba? No, honestamente.

Aquí me desnudo un poco emocionalmente y tiro de crítica social. Creo que se nos llena a todos la boca en la lucha contra el machismo. Sin duda somos mejores que la generación anterior en ese aspecto. No hay que ser descreídos. Pero tenemos tanta campaña, tanta iniciativa, estamos tan concienciados que, al menos yo, no me he dado cuenta de cómo el machismo está en mi propia red cultural hasta que me ha dado una patada de realidad en los huevos.

Podré criar un hijo cojonudo que será un adulto formidable. Le enseñaré unos valores intachables. Puedo llegar a ser un ejemplo perfecto de progresión en los tiempos que me ha tocado vivir hasta el punto de permitirme aleccionar a los demás. Y no tendré cojones de meterme en una clase de zumba porque eso es cosa de mujeres.

¡Eah! Así es la realidad. Simple y absurdamente cómica. Ya lo he compartido con vosotros y vosotras queridos lectores y lectoras. Ya no podré volver a escuchar ciertas canciones de Shakira sin sentir vergüenza de mí mismo (y de ella también algunas veces… hija de mi vida…) hasta que me arme de valor para meterme en una clase de zumba.

Por que la única forma de predicar es con el ejemplo.

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