Robot, corona o peonza

princesa leia

Primera vez que llevamos a la niña a la peluquería, resultado óptimo, al salir tiene premio, le dan tres “regalos” para que elija uno. Una corona de princesa de plástico plateado y corazón de rubí falso en el centro. Un robot rojo que sólo mueve los brazos. Y por último, una peonza.

Se mascaba la tragedia.

Unos segundos de duda, su madre y yo con la espina dorsal estirada esperando la elección y booom, escoge el robot.

Yo gano, el futuro también

Soy un padre friki. Para mí, obviamente no es así, pero para la mayoría del mundo sí. Cumplo muchos de los estereotipos que te pueden encasillar en “persona friki” pero una vez estás dentro del mundillo, sabes que eres normal tirando a muggle.

Da igual. O no.

Olivia escogió el robot y pasó de la corona de princesa. Y eso nos hizo felices. Obviamente queremos que ella sea feliz y si ser una princesa le gusta, la apoyaremos, pero no queremos que sea la princesa normal, que espera a su príncipe encantado y encantador.

La Princesa Leia

Si mi heredera quiere ser una princesa, que sea esa. Que sea Leila y que calle a Han Solo. Que sea la Princesa Mérida y sea la mejor con el arco. Que sea la princesa Leticia y tenga una carrera detrás (LOL). Que sea algo más que un título y una lágrima fácil de Disney.

Ingeniera antes

El robot realmente no es el camino a frikilandia. Que por otro lado yo no anduve realmente hasta cumplir los 18. Elegir el robot siempre era guiarse por lo que quería y no por lo que imponía su padre, su madre, su profe o la sociedad.

La peonza nos hubiera dejado descolocados, pero el robot simboliza varias cosas. Varios aspectos que son casi como un “whisky on the rocks”, hoy están ahí, pero tenemos que seguir trabajando muy duro para que sigan creciendo bien.

No quiero una hija friki, pero sí Leia

Repito. Prefiero que sea “mi Leia”, pero lo que quiero realmente es que sea ella. En casa, por suerte, siempre podrá encontrar todo tipo de música, libros, cómics y películas. Pero eso no quiere decir que la haga socia desde que nace a mi club favorito de juegos de rol, de fútbol o de X cosa. Le abriremos todas las puertas, le enseñaremos todas las cartas, no sólo las que diga la sociedad, la moda y la costumbre de cada etapa.

Si, cuando ella quiera, se hace friki, tendrá a su lado al mejor orco de Minas Tirith. Mientras llega ese momento, o no, le compraré sudaderas rosas de “little ponny”, gomas multicolor y con el tiempo iré a recogerla a la puerta del metro… pero mientras sea ella, nosotros seguiremos ganando.

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