Cómo opinar de malos tratos cuando no te han violado

En los grupos de whatsapp la etiqueta se aplica como en las bodas. Si no conoces demasiado bien a todo el mundo, pues no se sacan temas que puedan ser sensibles. No hablas demasiado de política ni de religión no sea que alguien sea del “bando” contrario y se líe.

Pues resulta que hay otro tema tabú.

El feminismo

Por lo general el 90% de los tíos pensamos que las denuncias de violencia de género son falsas y son inventos de las feminazis para divorciarse y sacar alguna ventaja. Y se habla así abiertamente en los grupos de tíos.

Sí, he puesto pensamos.

Yo me incluía en ese porcentaje.

Y básicamente porque no conocía de nada a las mujeres.

Es muy difícil que las entendamos fuera de su círculo porque si hablan a corazón abierto de los abusos que han sufrido en su vida las tomaremos por locas o histéricas o mentirosas o en realidad estamos casi seguros de que exagera/se-lo-inventa. Diremos “¡Oh vaya! ¿En serio? Increíble que pasen esas cosas.” Miraremos para otro lado y luego comentaremos con el colega de turno que hay que ver qué tía más rara contarnos que le han violado.

Fijo que iba pedo y luego se arrepintió

¿Estoy exagerando? Por desgracia no.

Poco antes de nuestra boda creamos un grupo de whatsapp para coordinar a nuestros amigos para ese día tan especial. Juntamos amigos y familia y la verdad, el grupo estaba muy bien y nos lo quedamos.

Mucha buena gente y la posibilidad de coordinar nuevas barbacoas cada x tiempo mantuvieron el grupo muy entretenido.

Había pasado casi un año desde que lo creamos. Pero no ha podido ser.

El machismo y el fútbol han acabado con él

Un amigo que casi nunca habla comenzó a hacer comentarios machistas. Como nunca hablaba, la mitad ni lo conocía. No se le respondía. Y seguíamos a lo nuestro. Pero como no captó la indirecta insistió más. Chorradas del tipo chistes machistas. Memes.

Todos luego en privado preguntando ¿éste quién es? ¿Al **** qué coño le pasa? Hasta que ayer la cosa explotó.

Por lo visto hay un tal Rubén Castro, futbolista, que acaba de ser absuelto de varias acusaciones de violencia de género. Y nuestro querido amigo no tuvo otra cosa que poner la noticia en el grupo y dejar caer que quería abrirnos los ojos porque las denuncias de violencia de género son falsas y estamos engañados por ser un@s feministas locas de mierda.

Sin saber por qué han tenido que pasar las mujeres del grupo. Sin conocer su pasado. Ignorando quién sufrió de adolescente una violación. Quién tuvo que huir de su tierra para escapar de las palizas de su marido borracho. Sin saber cuál de ellas se enfrentó a la pareja de una familiar cercana por esconderla en su casa, a la que buscaba para matarla. Sí. Son casos literales de ese grupo de whatsapp y son personas tremendamente normales.

Es muy difícil que en un grupo de mujeres no haya ningún caso así. Si nadie lo cuenta es por vergüenza y/o miedo. Incluso puede que las parejas de estos amigos míos no les hayan contado los abusos por los que hayan tenido que pasar como mujeres en su vida. Porque a lo mejor, si conocieran un caso cercano, no hablarían tan a la ligera.

Va a ser que no

Ahí estaba mi amigo. Al que le debo muchos favores. El que tanto me había ayudado en otras ocasiones soltando gilipolleces por la boca. Una tras otra. Para molestar. A mi mujer. Por feminista. Si es que son todas unas amargadas y unas bolleras de mierda. Con tanto histerismo. Si aquí no se maltrata a nadie. Ni se viola. Ni se mata.

Yo iba conduciendo camino de la playa con mi familia mientras mi mujer me relataba el transcurso de los hechos. Yo ojiplático pensaba en poner el manos libres, llamar al gilipollas de mi amigo y mandarlo a la mierda ya estuvieran delante los niños o el Papa. Ella me explicaba que no tenía ganas de aguantar gilipolleces y que se iba del grupo. Que había explicado amablemente que había sufrido una tragedia familiar y que no era el lugar para hablar de esos temas. Que no hiriésemos sensibilidades.

Y otro amigo, de esos de toda la vida, en respuesta, jaleando que a ver si así las mujeres aprenden a no poner denuncias falsas. Que deberían denunciar a la víctima de la agresión porque era todo mentira.

Obviamente nos salimos del grupo

Tenemos ya muchos frentes abiertos con el puto día a día como para aguantar gilipolleces en nuestra propia “casa”.

Pero me da pena.

Son mis amigos.

Y he evitado llamarles para no mandarles a la mierda.

Yo, como hombre, sólo puedo pedir perdón por mi “especie”. Perdón porque apoltronados en nuestra escasa violabilidad, en nuestra fuerza física, somos incapaces de empatizar con el miedo que sufren las mujeres cada noche camino de casa. Con el asco de los babosos de los bares, bueno, o del tinder o del Facebook o de la misma calle. Con el miedo a que te echen burundanga. Te coaccionen con o me la chupas o te quedas en este descampado. Con el rarito que mira mucho y no sabes si será de los peligrosos o no. Con el jefe que se acerca demasiado.

Yo, como hombre, no supe o no quise entender a las mujeres.

Hasta que fui padre de dos hijas

Un amigo comentaba entre risas que Dios le castigaría por salido con hijas en vez de hijos.

Yo no lo considero un castigo. Pero no puedo dejar de tener miedo por ellas.

Miedo a que su novio sea un psicópata tóxico. A que no sepa decir que no y haga cosas que no quiera por miedo o vergüenza. Al monitor de kárate, al de tenis. Miedo a los pederastas. Miedo a los que cogen culos en la calle, qué chorrada, ¿no? No. Ahí se empieza a socavar la confianza. En actos “inocentes”.

Hija mía. Si te toca el culo un desconocido, vuélvele la cara de una hostia a mano abierta. Llámale cerdo y que la vergüenza la pase él, no tú.

Hija mía. Te apuntará a artes marciales. Pero te acompañaré, porque no me fío de los monitores infantiles. Sí. Soy una puta histérica de mierda. Pero los abusos pasan mucho más de lo que se cuenta. Y no por subir fotos de los niños a internet. Pasan porque hay cerdos a los que les gustan las niñas y las buscan.

Pasa porque los tíos miramos para otro lado.

Porque es más fácil pensar que no es cosa nuestra.

Es más fácil fingir que todo es mentira.

Que aquí no pasa nada.

Y que si no lo veo no es verdad.

 

Fuego purificador para todos.

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