No, la negación como forma de vida.

No.

¿Te has parado a pensar la cantidad de veces que llegas a decir esa palabra? ¿O la cantidad de veces que la escuchas? Tenemos la negación como forma de vida, sales a la calle y no faltan carteles de prohibido tal o cual, necesitamos saber qué es lo que no podemos hacer, necesitamos que nos prohiban las cosas porque así nunca llegaremos a romper las reglas, a experimentar, a salirnos del molde, quizá en otros ámbitos nunca lleguemos a destacar o a explotar ciertas cualidades o habilidades.

Cuando lo extrapolamos a la educación de nuestros hijos esto se magnifica, casi todo lo que les enseñamos lo basamos en el no, en la prohibición, y así van. La gran mayoría saben que es lo que no hay que hacer pero no tienen la confianza suficiente como para hacer algo por iniciativa propia, para explorar, para conocer sus límites… y los que lo hacen, en la mayoría de las ocasiones reciben una reprimenda, un castigo o un grito en forma de No. Criamos unos niños sumisos que deben seguir las normas que le marque cualquier adulto que tenga la autoridad para ello, criamos unos niños muy influenciables y poco seguros de sí mismos.

Párate un segundo y mira a tu alrededor. Estás en el parque y… ¡Sara no subas por el tobogán que hay más niños jugando!, ¡Hugo no tires agua que te vas a poner perdido!, ¡Andrea no lances las piedras que le vas a sacar un ojo a alguien!, ¡Sergio no cojas esos juguetes que no son tuyos!… y esto solo en el parque y en muy pocos minutos. Es difícil darle la vuelta, el ejercicio de conciencia es muy complicado porque nosotros estamos programados así, estamos educados en la negación. Pero estas mismas situaciones se pueden dirigir de una manera positiva, de una manera que reforcemos la confianza, personalidad, imaginación, creatividad, loquetoque de nuestros pequeños.

Siguiendo los ejemplos de antes, en el parque, podemos reconducir las situaciones antes mencionadas, por ejemplo, de esta forma: “Sara cuando hay niños jugando en el tobogán hay que subir por las escaleras (o por otro lado que sea posible) porque todos tenemos que jugar”, “Hugo…” bueno Hugo es un niño y no pasa nada porque se moje llévate una camiseta y un pantalón de recambio y ya está, si no lo tienes en ese momento y la casa está muy lejos o vais a tardar en volver enséñale a que en vez de tirar agua hacia arriba puede regar los árboles, las plantas plantas, etcétera…, “Andrea, cariño , si quieres jugar a tirar piedras tienes que tener mucho cuidado y hacerlo en algún lugar donde no vayas a hacer daño a nadie sin querer“, y “Sergio, si quieres jugar con los juguetes de ese niño pregúntale si te los deja“… (de compartir ya hablamos otro día).

Así que constantemente me pregunto si refuerzo lo suficiente la confianza de mi hijo para que haga lo que quiera, claro está, enseñándole los límites, porque sí, los límites se pueden crear de forma positiva, y no faltan ocasiones en las que me encuentro con un No saliendo de mi boca, un No que ya es tarde reprimir, y al final no es un No, son dos, tres, o más, porque le coges el vicio y te embalas.

6 Comentarios

  1. Ayyyyy. Yo le cogí vicio a eso. Al dedicarme yo sola a criar al pollo me entraron mil miedos y terrores y fue cuando entró el NO en nuestras vidas. He corregido esa actitud bastante después de un tiempo. Pero aún sigue saliendo. Gracias amigo por compartirlo.

  2. Es tannnn difícil no negar….En serio, lo primero que aparece en tu cabeza ante algo que NO te gusta es el NO, nunca o casi nunca la alternativa. El dar alternativas a la prohibición o negación se trabaja, y yo lo intento y lo intento pero no siempre se consigue.
    Saludos!

  3. Maravilloso post amigo!!! Lo explicas de lujo 🙌🙌 yo soy enemiga del NO y las PROHIBICIONES prefiero fomentar el sí y basar mi discurso en lo que sí pueden hacer… aunque muchas veces aparece el NO con toda su carga de negatividad. Menudo grupo molón que estáis formando los blogdads. Este blog es para tenerlo en cuenta!!! Besos papá cavernícola 😘

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