La post boda, tres meses después

fotografía con píes de niña y título

Me casé a finales de agosto y mi hija nos llevó lo anillos. La boda fue un espectáculo grande, civil y tuvo un añadido: una party de temática Vaiana-Trolls.

La boda, la casa, los niños, el coche…

En teoría, según el mundo viejuno hay que llevar cierto orden para hacer las cosas. Nosotros nos lo hemos saltado, como espero que hagan muchos. Y llegamos a la boda con la mayoría de “deberes” hechos.

Y por eso mismo, el más importante; los hijos, se merecen un papel grande si están presentes en tu casamiento.

La fiesta dentro de la fiesta

Cuando decidimos casarnos teníamos claro que iba a ser más una fiesta que una ceremonia al uso. Firmamos los temas legales unos días antes y el gran día tendría todo lo mejor. Lecturas de nuestros seres más queridos en lugar de un cura o un concejal. Comida sin nombre en las mesas, porque no habría mesas. Bebida sin fin y… la otra gran fiesta, la de Olivia.

Nuestra heredera tuvo un traje de princesa, pero de princesa guerrera (las fotos los atestiguan y el barro que no sale del tejido también). Se encargó de llevarnos los anillos y ya que estaba de quedarse con nosotros dos mientras pasaba todo.

Así que éramos tres los protagonistas. Pero cuando llegó el sí quiero y el beso, la pequeña subió una cuesta y empezó su fiesta.

Había más niños, más primos y amigos de su edad y tuvieron su espacio para pasarlo en grande. Mucho azúcar en vena y 8 horas continúas de cuidadoras.

Las cuidadoras heredarán la tierra

¿Cuidadoras? ¿Dónde están esos padres blogueros, respetables y ejemplares? Esos padres estábamos ciegos como piojos, estábamos lacasitos, estábamos felices como gnomos comiendo setas.

Como sabemos lo que es una boda con niños, uno de nuestros esfuerzos fue encontrar cuidadoras que molaran. Los pdf, presupuestos y demás asustaban, pero realmente no sabíamos como torearían a veinte críos en mitad de una fiesta.

Spoiler

Fue un éxito total.

Hijos, primos y demás

Todos los críos disfrutaron como nunca. No había que preguntar para saberlo, había que mirarles simplemente. Ver risas, carcajadas y dos santas dándolo todo para que no pararan de disfrutar.

Los padres íbamos con la comida (nuestra) a mirar y volvíamos tranquilos. Nos acercábamos con las copas, a modo detectives para que no nos vieran, y volvíamos como podíamos, pero muy contentos.

Olivia y los demás disfrutaban y se lo pasaron en grande, y eso es lo mejor que nos podía pasar en uno de los días más felices de nuestra vida.

Obviamente los raptábamos alguna vez. O ellos mismos venían a darnos donuts llenos de tierra, pero hechos con amor. Y luego cada uno volvía a su redil, a seguir con su fiesta.

Deja un comentario