Érase una vez…

dibujo cutre de un glóbulo rojo y título del post

Érase una vez yo, que cogía un paquete de galletas maría, las estrujaba, las rompía por la mitad y luego por la otra mitad. Dejaba el mantel lleno de migas. Mi madre traía un cazo de leche caliente, hirviendo, con nata de esa que se pega en los dedos, leche que vendía la lechera cada mañana. Mezclaba la leche y las galletas con sumo cuidado. Y luego una buena cuchara de cacao en polvo de esa marca famosa… entonces volvía a mezclar. Era un pequeño Walter White en potencia.

Eso eran mis desayunos.

Eso y la música de “Érase una vez el cuerpo humano”.

Ambas cosas, hoy, son la misma, ese sabor y esa música producen un recuerdo dentro de mí que me lleva a los ochenta montado en un Chrysler 150 ultrasónico.

Y los hijos, heredarán Netflix

No me tatúo el logo de Netflix porque no tengo suficiente pasta, pero le debo horas de placer. Y ahora al poner esto, se han ganado el reino de los cielos.

Ahora podré enseñarle a mi hija lo que es el cuerpo humano como es debido. Porque tengo una aplicación maravillosa en 3D de anatomía, pero hoy por hoy prefiero que vea esos dibujos y se empape como lo hice yo. Que entienda por qué es tan importante el óxido, los simpáticos glóbulos rojos y porque no debe coger el primer cigarrillo que se le ponga cerca.

Porque sí, cada capítulo enseña algo bueno y obviamente, algo malo.

La música triste, la lección aprendida

En todos los capítulos hay un momento que entra el piano y todos prestamos más atención. Si tuviéramos orejas las empinaríamos como lobos delante de su presa, pero simplemente dejamos de hacer lo que estamos haciendo y miramos la pantallas.

Los virus y las bacterias malas tienen su propia banda sonora y aún hoy, casi tres décadas después, siguen tocándome la moral. Y a mi hija, como no, también.

Cuando empieza el piano triste llega la guerra. Las defensas se ponen a tope y al final ganan siempre… pero no lo sabes hasta el final…

El final

Creo que tengo en la memoria, en uno de los últimos cajones, cómo acaba la serie. Como el señor con barba le cuenta a los jóvenes que la vida acaba, pero que todo sigue… tengo esa conversación/lección guardada, pero intentaré no recuperarla o la lagrimilla caerá.

Mientras tanto, poneros y ponedles la serie a los pequeños. Así aprendemos, y ganamos, todos.

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